martes, 1 de diciembre de 2009

Las peras del vacío

Mi crítica del último libro de Julieta La Oz titulado Las Peras del Vacío, una obra maestra. Aquí mi reseña aparecida en el Diario de Alpedrete.

El vacío es la repera

Ha vuelto Julieta La Oz a la escena poética y lo ha hecho con Las peras del vacío, un poemario lúcido y difícil que se plantea con una altitud moral incomparable los grandes problemas del hombre contemporáneo: la Retención de gases ante la prolongada estancia de tu novia o amante en tu casa, la dificultad de que el papel de los baños de los bares no provoque un cierto escocido en la gente sensible, el Imposible de un Mundo en el que las Gasolineras permitan comprar whisky al Litro con una normativa global para el asunto, la dificultad de comprar buena farlopa en el Madrid Contemporáneo. Todos estos temas son evidentemente masculinos y honra mucho a Julieta tratarlos con tanta severidad.

Pero después decide narrar el poemario con un enigmático y fascinado Nosotros. Este Nosotros incluye lindezas tales como Salimos cansados de la fiesta,/
era tan tarde que hasta los vendedores chinos / se habían ido a dormir la siesta:/
en la calle los homless se congelaban como cretinos
en la que percibes el compromiso social de la autora con el problema de que los asiáticos estén comprando hasta el último bar de nuestro pueblo, con el que ya no se vendan churros sino jodidos rollitos de primavera, pero la posición de Julieta no es la de ser crítica con esta raza de inmigrantes, sino compasiva, integradora, nacional: les da la oportunida de una siesta, de la utopía española, de la sensibilidad genuina.

Cuando al final de estos versos describe a los homeless como cretinos se producen dos interesantísimos juegos literarios que me gustaría comentar. Primero el llamarlos homeless en vez de vagabundos o pobre de mierda o el ya clásico “el muy sarasa que se ha quedao sin casa”. Al usar el inglés, Julieta La Oz implica a la academia, a la sobriedad anglosajona, pero al llamarlos cretinos hace una crítica doble pues es el gobierno quien regula el look de los vagabundos y debería legislar para que en su miseria, pareciesen un poco menos asnos a nuestros ojos.

Estamos, pues, ante un poemario inmenso, lleno de ideas, lleno de juegos y lleno de juerga. Ante una posibilidad de abrir una senda política en este contexto tan difícil.

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