martes, 1 de diciembre de 2009

La Maga La Oz

Buenas, publicaré un artículo escrito en esa época en la que no habían cosas de la era CANTIDUBI. Cosas como el iphone, como los vibradores de rebajas, como esos camellos tan confortables del Raval. Un artículo publicado originalmente en El Diario de Alpedrete, pero que luego formó parte de Muchas Noches Han Pasado Ya: Artículos de Domingo escritos en Sábado, Sabadete. El artículo se llama LA MAGA LA OZ.

LA MAGA LA OZ.

Estuvimos anoche Julieta La Oz y yo hablando de, entre otras cosas, la posibilidad, insondable, de que las mariposas tuvieran ventosidades. Sobre eso, le conté sincero a Julieta, escribí unos sonetos siendo yo muy joven, habiendo leído a Umbral y a Baudelaire y ella me respondió que si las mariposas tienen ventosidades las tienen continuadas pues no dejan de mover las alas para alejar la peste. Yo me empecé a reir y caí entonces en que no iba a casarme nunca con Julieta porque la acompañaba un chico alto, de pelo rubio y de nacionalidad preferentemente alemana. No recuerdo ya su nombre, pero seguramente era el Chico Del Sábado De Julieta.

Salíamos del cine de ver una película que nos había fascinado a todos, Pretty Woman. El chico alemán insinuó que podía tratarse de un filme un tanto machista, pero yo le grité ¡CARAGÜEY! Siempre grito CARAGÜEY cuando alguien dice algo que me sorprende. Es una expresión a la que le guardo un cariño muy especial puesto que la empecé a decir a la noble edad de los ocho años y la dije por vez primera cuando el cartero miró con descaro el escote de mi madre. Me acerqué entonces a ese trabajador del Estado, a ese cachondo funcionario, y empecé a gritarle ¡CARAGÜEY! La sorpresa de mi madre fue gorda porque me llevó al psicólogo que lo definió como Trastorno Transitorio de Personalidad y yo no pude resistirme a repetir ¡CARAGÜEY!

Julieta me comentó que le había gustado mucho Pretty Woman porque le recordaba, entre otras cosas, que el Dinero da la felicidad y no al revés y que muchos poetas se negaban en verlo. Yo también, pero además vimos algo subversivo: lo guapo que puede ser el dinero, con ese traje y esa máscara de Richard Gere. El chico de esa noche de sábado no nos entendía, pero nuestro entusiasmo nos llevó a un karaoke exigiendo cantar Pretty Woman de Roy Orbison. Un hit tardío el de Roy Orbison.

No encontramos ninguno en toda la ciudad, pero al final terminamos pidiendo la canción en una discoteca para gente joven como nosotros. Al salir hablamos de las similitudes estructurales entre la tensión dramática de Gabriel García Márquez y Pretty Woman. Teníamos una verdad: la de que, a pesar de salir Julia Roberts, esa era una obra maestra, nada vanidosa, nada pagada de sí misma y sí muy literaria, llena de jacuzzis maravillosos y de ramos de flores que dar a tus putas.

Julieta estalló en una carcajada rara cuando dije que era una pena que la película no tuviera un grito final en el espectador oyera ¡CARAGÜEY!

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