martes, 1 de diciembre de 2009

Esto es Estopa

(Mi primer texto para el blog)



Hay muchas cosas que no hago ya, que me convierten en un escritor de estar por casa. En uno de esos MIERDAS que coge poesía para leerla en su sillón mientras se prepara su Nespresso. Pero tengo 48 tacos ya y me dio por hacerme autónomo en un concurso chupitos. La primera de ellas es ir a las bibliotecas públicas haciendo un esprint y luego frenar delante de las estudiantes, solamente para olerme el culo sudado con mi dedo índice ante su rostro asqueado. La segunda es llamar al Fistro y salir por Sabadell y agrietarnos la napia. Hubo un tiempo que España tenía escritores, pero era un poco moralistas o un poco finolis: la farla es jonda, como Camarón. Todo esto lo vieron los Estopa en su maqueta, en esa maqueta mítica que fue rodando de mano en mano, y en su primer y mejor y memorable disco titulado secamente Estopa. Hay ramalazos de grandeza en el segundo, pero quiero centrarme en Estopa.

La obra maestra entre obras maestras de la rumba kiyolah es Como Camarón que evoca un sentir, un modo de vida, un CHANDAL ADIDAS. En la maqueta ellos decían “la vecina que vende cocaína” y la industria del disco gobernada por gente miedosa que no aguanta dos tiritos les obligó a cambiarlo por “la vecina que vende cosa fina”. Pero la poesía y la putridez del AFTER está en Como Camarón, que va, entre otras cosas, de lo difícil que es FOLLAR cuando anoche la pillaste como un campeón, de la nula grandeza teñida de rara épica de una resaca en tu cama después de una noche de estar al palitroque y al chunda chunda. De la felicidad de ir con tu mierda encima y la música a tope en tu seat panda mientras gritas a las chavalas cualquier necedad que te pasa por la cabeza. Eso es España y eso es poesía porque la poesía es lo que me sale de la poyah como alguna vez dijo Carlos Navarro, El Yoyas.

La gente tiene que entenderlo, tiene que oler el chándal, notar el gesto erguido del pecho, el baile y empezar a valorar a los grandes, a los visionarios y jarcor Chichos, que supieron darle al jaco cuando molaba, en los ochenta. Pero nadie escribió nada grande sobre Los Chichos porque estaban todos leyendo a autores que me encantan, claro, como el GRAN Enrique Vila-Matas (a este lo leían pocos, por lo que no pasa nada y como era tan bueno, tan único pues me parece bien) y sobretodo a Javier Marías, a Paco Umbral y a Juan Benet y escuchando Mecano sin ser maricones de verdad. Conocí esa España también en mis primeras e ingenuas noches con veinte años y una cresta punk y un acento de mejicanito, pero las noches con el Fistro, las noches en las que la maqueta se hizo disco, las noches de cómo Camarón las juzgo inolvidables, las juzgo las mejores de mi vida.

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